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Historias de Amor Ficticias

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Mientras estuvo Ana en estado de coma, Juan fue desde el segundo mes  el enfermero que cuidó de ella a diario, estaba asignado para controlar a los dos enfermos en coma que parecía que  se iban a quedar así durante muchos años y necesitaban una atención continua. Cada día durante los doce años en que Ana estuvo en ese estado, Juan vio sus lágrimas, sus sonrisas espontaneas, sus saltos imprevistos e incluso le parecía ver muecas de enfado y año a año fue sintiendo que le tenía cariño y que ese cariño se hacía más grande. En el octavo año de sus cuidados, Juan se había enamorado de Ana, le leía sus libros preferidos, pasaba más tiempo con ella y deseaba que en algún momento le escuchase y abriese sus bellos ojos, esos que nunca podía haber visto aún, solo en una foto que su madre le había mostrado. Al…

Recuerdo que era verano, fue el primer amor que tuve, no os penséis por ello que tenía una edad muy corta, la verdad empecé tarde a enamorarme de una chica pero realmente mereció la pena esperar. Alejandra estudiaba en la universidad de Manchester y yo estaba en la academia Deldert a tan solo dos manzanas de ella, estudiando Diseño y arquitectura modular. Todas las mañanas como un auténtico desconocido en una ciudad extraña, tenía por costumbre tomar el café en el único lugar que me hacía sentir como en casa, el cafeto Don Simal, después de estar pasando por allí tres meses, aquella mañana una chica con una pamela despampanante  entró por la puerta cautivando a todos los allí presentes con un vestido corto  de raso y seda. Se sentó junto a mi mesa y pidió una silla para su amiga que llevaba un extraño vestido de fiesta y una…

   Se habían conocido en el colegio, se detestaban, ella era rubia con trenzas, alegre y sonriente pero menos con él. Un día, en la excursión del colegio, se perdieron en un bosque que habían ido a visitar. Ese día fue el principio de una amistad. La necesidad común de buscar una salida, les ayudó, se animaban mutuamente y ella comenzó a sonreirle tímidamente.    Ansiosos de buscar el regreso, decidieron apartarse del grupo, aunque realmente quizás buscaban la soledad del encuentro, de alimentar la pasión que había nacido. Se olvidaron del grupo, pues tenían mochila con comida y tienda de campaña y se sentaron en la verde hierba del campo, cogidos de la mano, mirándose a los ojos, ella, Rosana, sonreía cada vez con menos timidez. Oyeron gritos de los que les buscaban, pero, cómplices, a gusto el uno con el otro, se escondieron y allí nacieron los primeros…

No fui yo la que decidió irse, fuiste tú quien me dejó marchar.. Nuestra historia no fue una historia de amor cualquiera, fue una historia de amor prohibida. Nos conocimos en la editorial, Marcos, era mi superior y yo tenía que seguir sus pautas, como un borrego sigue a su pastor. Al principio, Marcos, me caía fatal, me parecía un hombre bastante arrogante y demasiado prepotente. Fue la primera impresión que me dio, cierto es, que es un hombre bastante atractivo que encandila a toda mujer que pasa con sus intensos ojos grises. Nuestras conversaciones eran escasas, pero poco a poco, fuimos cogiendo confianza y comenzamos a charlar más a menudo. No sé ni como fue, ni porqué, pero Marcos empezó a enamorarme. Aquello no podía ser real, yo no podía enamorarme de mi  jefe. ¡Era absurdo!. Aquello no podía estar pasando.. Tras una dura jornada laboral, nos habíamos quedado…

Era la persona más dulce que había conocido, no me olvidaré nunca de su sonrisa y aquella mirada cautivadora. La conocí en la discoteca del pueblo, ya os podéis imaginar, no era Barcelona ni nada parecido, cuatro luces y dos tontos bailando a última hora, así me sentía. Chico de Capital envuelto en una extraña noche navideña a la que acudí a pasar la navidad en compañía de los pocos familiares que quedaban en España. Al girar y de una forma de lo más torpe, derrame la mitad de la copa por su hermoso vestido corto, no fue un buen comenzar la verdad, ni tampoco le pareció nada bien mi arrogancia cuando le di comentaba que tal cual estaba de mojada sería prudente que fuese al baño y se lo quitase y lo cambiase por ponerse mi abrigo, no quiero imaginarme que se le paso por la cabeza pero recibí…

  Era una noche de verano estrellada, con un cielo claro que dejaba ver todo con absoluta claridad. Yo miraba acostada en el campo la hermosura de ese cielo, entristecida después de haber perdido a mi novio hacía escasos días. .   De repente, dos estrellas fugaces se desplazaron acercándose una a otra, luciendo intensamente ante mis ojos. Sueño, me imagino que es mi novio, que en una noche corre hacia mi a besarme, a estar a mi lado y a disfrutar pero todo se queda en un sueño, cuando las estrellas en cuestión de segundos se apagan. Mi novio ya no está conmigo pero siempre  tendré  su amor en mi corazón.

  Cogiendo setas con mi primo, en el bosque, la vi, sobre su caballo percherón blanco, iba majestuosamente vestida, tez delicada, vestido de túnica, cara angelical.   Una fuerza interior me llevó a seguirla, atraido por su belleza o quizás por la ascendencia o dominio que me provocó la situación. Mi primo se entretuvo y la seguí, andando, ella en su caballo yo insimismado, mirando su figura, de espaldas y deseando ver su cara. De repente, se echó la niebla y la dama, la bella y delicada dama se confundió entre la niebla y desapareció.   Nació tal sentimiento de amor hacia ella que repetí las visitas durante varios días pero nunca más logré encontrar a mi amada dama que cautivó mi mente y mis sentimientos y que podrían dar el cuento de amor más bonito que uno pueda imaginar, pero no fue el caso. Aún sigo con la esperanza…

  Volaba a París a un viaje de negocios, moda y complementos. Era el vuelo 424, nunca lo olvidaré, no se si por ser capicúa o porque me coincidió con aquella bella azafata. Elegante, de talle alto, pecho generoso, maquillaje cuidado y esmerado tinte en el pelo. He de confesar que levantó mi pasión por esa delicadeza e hizo volar mis sueños por un momento, yo que nunca había soñado con una mujer.   Tengo una teoría desde entonces, hasta para una mujer es fácil caer en las redes de otra mujer, solo falta delicadeza, feminidad  y una mirada profunda, sensual y delicada.   Recordaré el vuelo a París por aquella azafata que me despidió con una sonrisa y que jamás olvidé. Sus buenas formas y lo guapa que era, me hicieron replantearme mi orientación sexual, desde entonces sueño con ella aunque tengo pareja y mi amor cada día que pasa sin…

  Aquel verano caluroso del 85, María, la chica que había conocido en las vacaciones del año anterior y yo, quedamos para ir a las fiestas, a la playa, al río y divertirnos. Realmente no esperaba que acudiera tan puntualmente a la cita, creí que se haría derogar después de un año haciendo planes y llamándonos.   Pero lo fue; acudió elegante y sensual pero con una timidez que hizo que se sonrojara cuando besé su mejilla, no me atreví a más en ese primer encuentro, y tímida, tiró de la falda hacia abajo, para bajarla unos milímetros, algo que suelen hacer las mujeres cuando no saben que hacer con las manos, le valió, pensé yo, para no abrazarme con pasión.    Ya aquel día quedamos para ir a la fiesta del pueblo de al lado en mi viejo coche. Lo limpié, perfumé y procuré que estuviera acogedor para aquel encuentro…

Hasta ese momento jamás hubiese encontrado similitud a mi afición con el ajedrez que ya casi era un clásico en mi vida, con el amor que estaba rondando esa puerta, pero el amor es así de imprevisible. Era el concurso internacional del 2 de julio, la gente con los típicos disfraces atravesando las calles de Londres, cubriendo las calles de perfumes embriagadores que me llevaron media mareada a la sala en la que se celebraba el concurso. Fue una odisea pasar por allí, todavía la mitad del público estaba de pie y era la única entrada que permanecía abierta, golpeteos con las pamelas de la gente elegante y más de un tocado glamuroso tocando sobre mi pecho como si fuese una espina a pesar de la belleza deslumbrante que aportaba. Por fin a la llegada de la zona de concursantes y facilitar mi nombre, encontré un asiento en el que…

Nunca entendí como la gente puede amar en la distancia, amarse cuando solo se han visto un par de veces, saber que será el amor de su vida porque coinciden en unas risas o en estar de acuerdo en si el café llevaría azúcar o no, nunca lo entendí hasta que la conocí. Había tenido que viajar a Bariloche por motivos de trabajo, yo un español entero de pies a cabeza con cuarenta y dos años y no más de cuatro pelos en la cabeza, dueño de una empresa agropecuaria que iba a exportar pienso para avestruz al centro de Argentina, iba a conocer al amor de su vida justo lejos de todo lo que su razonamiento de adulto le hubiese podido permitir. Fue al bajar del avión y subir al taxi, entre ruidos, apuros, prisas, justo cuando el taxista se saltaba el semáforo y ella le pegaba un grito…

  Se conocían desde pequeños. Pasaban todas las tardes juntos por que tenían amigos en común, pero entre ellos nunca se llevaron bien. Se parecían bastante, los dos eran muy testarudos y siempre querían tener la razón, por eso discutían tanto.   Aquella noche nadie se imaginaba lo que iba a suceder. Estaban en la playa sentados frente a una hoguera contando historias de terror, mientras bebían y reían para disimular el miedo que sentían. Carolina y Carlos estaban sentados juntos, apenas se miraban y pocas veces en aquella noche cruzaron palabras.   Ninguno de sus amigos se creían lo que estaban viendo. ¡Carolina y carlos se estaban besando! Nadie sabe como fue, ni como pasó, pero aquellas personas que tanto se odiaban, estaban besándose y amándose como una pareja sacada de un cuento de amor.     Desde aquella noche algo cambió en sus vidas, ya no se odiaban, se amaban profundamente.…

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