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Historias de Amor

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 Cada noche antes de acostarme, pienso en tu sonrisa. Esa preciosa sonrisa dibujada en tu cara, de medio lado, con una pequeña insinuación de travesura. Cierro los ojos y te veo. Ahí estás, mirándome, con tus ojos color cristal brillantes fijados en mi. Noto sonrojarme, no sé cómo lo haces, pero hasta en sueños, consigues ruborizarme. Agacho la mirada y tu mano me levanta la cara. Pides que te mire sin bajar la mirada, exiges que no te evite y que hable contigo, unas lágrimas recorren mi cara…  El sueño me lleva a nuestra infancia. Estamos sentados a la orilla del mar, jugando a hacer castillos con el cubo favorito de tu hermano, mientras que nuestros padres, no nos quitan ojo de encima para no perdernos de vista. Tendremos como cinco años. Las olas rompen junto a nuestros pies, refrescan nuestros cuerpos ardientes por el sol. No has terminado aún,…

Como cada noche cuando nos conocimos, junto a aquel extraño hotel en el que parabas para dormir y yo limpiaba el oscuro bar de la esquina, quiero como cada noche llenarte de miradas y que provoques verme como si en ello se te fuese la vida, así me sentí amada aun cuando no me habías tocado, así me sentí tranquila aun cuando no me habías besado. Recuerdo que la noche de Londres era fría y sucia, sus calles olían a sucio alcantarillado y colilla de tabaco negro, asustada al escuchar cualquier paso fuera de lo común mientras vaciaba los sucios contenedores de basura del local, pero los tuyos si que los reconocía de lejos, me tranquilizaba saber que ya andabas por allí, era lo único que calmaba mi pobre vida. Yo era estudiante de ciencias, había perdido a mis padres en un accidente y para pagar los estudios tenía que…

  Jamás había sentido una presión tan grande. Se sentía llena de rabia, de dolor, un dolor tan agudo, tan profundo…Se preguntaba cuántos corazones, en ese preciso instante, dejaban de latir al compás del suyo.   Zoe nunca pudo imaginarse la ruptura de su matrimonio después de 20 años de relación. Era una más de ésas tantas mujeres maduritas que su marido deja tirada para liarse con una que no alcanza la edad de su hija. Sí, los hombres se vuelven adolescentes, o quizá nunca maduren y sean como Peter Pan en el país de Nunca Jamás.   Al comienzo se dió por vencida, incluso cayó en una pequeña depresión que logró paliar con un sinfín de diversas pastillas y continuas visitas al psicólogo. Pero se cansó, se cansó de aferrarse a un pasado que no volvería, a una rutina que encontró un tanto estúpida con el paso del tiempo. Abrió la ventana, respiro un sorbo de aire…

Hola, como bien os he dicho antes, mi nombre es Andrea, tengo dieciocho años y a pesar de mi corta edad y todo lo que me queda por vivir según me cuentan todos aquellos que ya han vivido más que yo, creo que este año he vivido cada segundo como si fuese el último y ahora me siento extremadamente vacía, por ello me he entregado al guion en la red y quiero contaros la historia de este año tan extraño. Sobre el mes de febrero, en mi instituto decidieron realizar el intercambio de estudiantes con Inglaterra, según parece ha sido un éxito en años anteriores y los mejores alumnos de este año podrían repetir esa experiencia, bueno el resto os lo podéis imaginar, era una de las que sacaba notable y sobresaliente por lo que me tocó ir, la verdad me hacía muchísima ilusión visitar Inglaterra, conocer nuevos amigos y…

La descubrí en plena calle tocando un arpa, con su vestido corto y perfume barato de olor a jazmín. Eran ya varios los días que pasaba por allí, yo Lorenzo de Azagan, de familia pudiente de la capital de España, jamás hubiese pensado enamorarme en pleno barrio de Móstoles en la calle más escandalosa de los últimos tiempos. Pasaba por allí a causa de mis estudios, se me había estropeado el coche hacía ya una semana y no quería que mis padres se preocupasen de enviarme con el chofer, con treinta y cinco años me veía lo suficientemente capaz de coger el metro como cualquier vecino y trasladarme en autobús incluso si hacía falta. Ya se había acabado aquella rama de la aristocracia y no estaba dispuesto a seguir los pasos de mis padres por más dinero que tuviésemos. Estudiaba arquitectura y bellas artes en una academia de Móstoles, por…

Se habían conocido en el colegio, se detestaban, ella era rubia con trenzas, alegre y sonriente pero menos con él. Un día, en la excursión del colegio, se perdieron en un bosque que habían ido a visitar. Ese día fue el principio de una amistad. La necesidad común de buscar una salida, les ayudó, se animaban mutuamente y ella comenzó a sonreirle tímidamente. Ansiosos de buscar el regreso, decidieron apartarse del grupo, aunque realmente quizás buscaban la soledad del encuentro, de alimentar la pasión que había nacido. Se olvidaron del grupo, pues tenían mochila con comida y tienda de campaña y se sentaron en la verde hierba del campo, cogidos de la mano, mirándose a los ojos, ella, Rosana, sonreía cada vez con menos timidez. Oyeron gritos de los que les buscaban, pero, cómplices, a gusto el uno con el otro, se escondieron y allí nacieron los primeros versos tímidos,…

Era la persona más dulce que había conocido, no me olvidaré nunca de su sonrisa y aquella mirada cautivadora. La conocí en la discoteca del pueblo, ya os podéis imaginar, no era Barcelona ni nada parecido, cuatro luces y dos tontos bailando a última hora, así me sentía. Chico de Capital envuelto en una extraña noche navideña a la que acudí a pasar la navidad en compañía de los pocos familiares que quedaban en España. Al girar y de una forma de lo más torpe, derrame la mitad de la copa por su hermoso vestido corto, no fue un buen comenzar la verdad, ni tampoco le pareció nada bien mi arrogancia cuando le di comentaba que tal cual estaba de mojada sería prudente que fuese al baño y se lo quitase y lo cambiase por ponerse mi abrigo, no quiero imaginarme que se le paso por la cabeza pero recibí…

Volaba a París a un viaje de negocios, moda y complementos. Era el vuelo 424, nunca lo olvidaré, no se si por ser capicúa o porque me coincidió con aquella bella azafata. Elegante, de talle alto, pecho generoso, maquillaje cuidado y esmerado tinte en el pelo. He de confesar que levantó mi pasión por esa delicadeza e hizo volar mis sueños por un momento, yo que nunca había soñado con una mujer.   Tengo una teoría desde entonces, hasta para una mujer es fácil caer en las redes de otra mujer, solo falta delicadeza, feminidad  y una mirada profunda, sensual y delicada.   Recordaré el vuelo a París por aquella azafata que me despidió con una sonrisa y que jamás olvidé. Sus buenas formas y lo guapa que era, me hicieron replantearme mi orientación sexual, desde entonces sueño con ella aunque tengo pareja y mi amor cada día que pasa sin…

La conocí en verano, fue un verano de diversión, de salidas, de paseos, de felicidad. Nos enamoramos, disfrutamos, nos besamos a escondidas, nos sedujimos. Nos prometimos vernos al año siguiente, como se hace en los cuentos de amor, lo recuerdo bien, tú con un elegante vestido que te hacía más juvenil, sonriente, feliz, enamorada. Nos prometimos incluso consultando al tarot del amor y lo sellamos todo con un beso. Recuerdo el día de San Antonio, según lo acordado, allí te esperaba. De casualidad pasó tu primo corriendo, me vio, paró y me saludó y me dijo algo que nunca olvidaré, “que haces aquí, tu mujer a muerto” – lo dijo con naturalidad, como si fuera algo que me sucedía todos los días. Lloré, lloré y maldije el maldito cáncer que tenías desde hace un par de años, hizo que nuestras promesas de amor se rompieran y yo siga soñando meses…

He de decir que Helga, mi prima,  un año menor que yo, siempre estuvo muy unida a mi. Siempre fuimos muy amigas y era su confidente. Esa unión hizo que la amistad perdurara e intimáramos contándonos historias de amor reales con chicos, hablando de moda, de ropa interior o de si nos gustaban los vestidos cortos ….cosas de mujer. El verano pasado conoció un chico del que creyó iba a ser su gran amor. La veía feliz, gozosa, alegre, seguíamos contándonos cosas. Un día me llamó para vernos, lo necesito, me dijo. Quedamos para tomar un café y al llegar, su aspecto desaliñado me hizo temer que algún problema tenía: Marco la había dejado y había entrado en una depresión en la cual me veía impotente incluso para ayudarle. Hablando con una amiga de la tienda donde trabajo, me recomendó que conocía una tarotista seria que para problemas de amor le iba…

Hasta ese momento jamás hubiese encontrado similitud a mi afición con el ajedrez que ya casi era un clásico en mi vida, con el amor que estaba rondando esa puerta, pero el amor es así de imprevisible. Era el concurso internacional del 2 de julio, la gente con los típicos disfraces atravesando las calles de Londres, cubriendo las calles de perfumes embriagadores que me llevaron media mareada a la sala en la que se celebraba el concurso. Fue una odisea pasar por allí, todavía la mitad del público estaba de pie y era la única entrada que permanecía abierta, golpeteos con las pamelas de la gente elegante y más de un tocado glamuroso tocando sobre mi pecho como si fuese una espina a pesar de la belleza deslumbrante que aportaba. Por fin a la llegada de la zona de concursantes y facilitar mi nombre, encontré un asiento en el que…

Confieso que nunca había tenido mucho éxito con los hombres. Los únicos chicos que me habían gustado no les había atraído en lo más mínimo. Mi madre me decía que eso no importaba, que el amor encontraría la forma de llegar a mi, da igual el tiempo o el lugar, finalmente aparecería. Sin embargo me cansé de esperar. Una amiga que creía en el tema del esoterismo, me recomendó que visitará a una vidente amiga suya. Queríamos que me hiciera un potente ritual de amor que consiguiera atraer a esa persona tan especial a mi vida. Y ahí estábamos: Mi amiga impresionada por todos los conocimientos de ella, la vidente concentrada en encender un par de velas de color rojo, y yo que no terminaba de fiarme que esto fuera a servir de algo. En dos semanas conocí a Julián,…

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