Desamor

Sigo enganchada de aquel amor que me confundió

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Despierto y ahí esta él en mis pensamientos, metido en mi cabeza, como siempre, como todos los días de mi vida; para mí es algo tan normal que me decido a enviarle un mensaje de buenos días. Dos horas después sé que lo ha visto, pero no me ha respondido, lo justifico diciéndome a mí misma que está ocupado, que no puede responderme  o que simplemente se ha quedado sin saldo.

Pasados unos días, vuelvo a escribirle, pero ningún mensaje es contestado y me decido a no mandarle ninguno más; por dos días no le envió nada y al tercero es él quien me manda un mensaje; lo leo una y otra vez emocionada y loca de felicidad, lo respondo de inmediato y lo vuelvo a leer con una sonrisa estúpida en la cara; él no vuelve a contestar el mensaje y me hace sentir un poco triste, pero una semana después me envía otro disculpándose, prometiéndome una cita para el día siguiente. Me lleno de emoción y acepto de inmediato olvidando lo que ha hecho antes. Por la mañana me levanto temprano y me arreglo a primera hora para estar perfecta en el momento en que él llegue, pero así pasan las horas y llega la noche, él nunca llega; dos semanas después envía otro mensaje disculpándose.

Y así pasan los meses entre promesas no cumplidas, ilusiones, desilusiones, esperanzas y traiciones.

Meses después me lo encuentro por las calles, promete una vez más que regresará, que todo será diferente, que estaremos juntos y esa tarde vuelvo a ser la más feliz del mundo, él vuelve a ser mío, vuelve con y su amor… Me abraza con ternura y me dice que me ama y yo… yo vuelvo a creer en él, en ese amor no correspondido que está tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. El día termina y se marcha a casa, me deja con la ilusión de que todo estará bien, pero no es así.

Él vuelve a desaparecer por meses, sé por amistades en común que tiene un nuevo amor, que es feliz y que tal vez ni mi nombre recuerda.

Una noche cualquiera recibo un nuevo mensaje de texto, es de él, más que un mensaje es toda una carta, diciéndome cuánto me extraña, lo feliz que fue a lado mío y comparando una y otra vez a la chica que hoy lo acompaña, conmigo, poniéndome siempre en alto por supuesto; lo leo con lágrimas en los ojos, con la respiración entre cortada, con las piernas y la voz temblando, pero al final del mensaje sus palabras me vuelven a matar, me dice que me ama, pero que no dejará a la chica por mí.

No me importan sus últimas palabras, me importa saber que me ama, así que decido responder a ese mensaje, le explico en unas palabras, que lo extraño montones y cuánto lo amo. Un mensaje que jamás respondió.

Cuatro años después aún sigo despertando con él en mi mente, enviándole uno que otro día un mensaje y esperando un mensaje suyo los demás días; amándolo a diario, caminando por las calles con la esperanza de encontrármelo, con la esperanza de que algún día despertará y se dará cuenta de que en verdad es a mí a quien ama y vuelva a mí.

El amor verdadero es muy difícil de olvidar.

Sigo enganchada de aquel amor que me confundió
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